Esta entrada ofrece una visión a largo plazo de la demografía española desde prácticamente la caída del Imperio Romano de Occidente hasta la llegada de la Revolución Industrial. A fin de estructurar mejor su contenido y facilitar su lectura, se ha dividido en dos grandes secciones. La primera de ellas corresponde a los siglos previos a la constitución de España como un estado -en el sentido más primario del término- en algún momento del S XVI, fundamentalmente tras la expulsión de la población musulmana del sur (que permitió el control efectivo de todo el territorio peninsular) y la subida al trono del rey Carlos V (que selló la unión dinástica de las dos grandes Coronas). En esta fase inicial es necesario emplear estadísticas demográficas de ciudades individuales, pues el concepto de «España» como realidad nacional carece de sentido en dichos contextos. A lo sumo, es posible identificar algunas regiones con características comunes útiles para trazar comparativas entre sí, pero siempre prudentemente lejos de cualquier noción de estado moderno. En concreto, se aborda la evolución demográfica de tres zonas geográficas: los territorios del Sur de España (donde la influencia musulmana fue más duradera), las Coronas de Aragón y Castilla y, por último, las ciudades de Madrid y Barcelona.
A caballo entre ambas etapas se encuentra el proceso de colonización de América Latina, que se aborda brevemente también desde la perspectiva de ciudades individuales. Si bien su desarrollo tuvo lugar bajo un gobierno relativamente moderno de la España estatal o peninsular, los territorios latinoamericanos tardaron todavía décadas en forjar sus propias identidades diferenciadas, por lo que resulta temerario presentar sus datos para los S XVI o S XVII bajo sus nombres contemporáneos. Aunque el S XVI ve nacer a España como un proto-Estado, todavía son necesarios al menos tres siglos para poder calificar a dicho aparato como «moderno». La segunda etapa cubierta en esta entrada analiza las estadísticas demográficas de esta transición hacia la modernidad, en la que ya puede hablarse del territorio como una entidad más o menos unificada bajo un único gobierno. Los datos continúan apareciendo a nivel de ciudad (será así hasta la introducción del censo moderno a mediados del S XIX), pero pueden representarse ya sobre un mapa nacional y analizarse sus flujos y cambios desde una perspectiva común y no separada por regiones.
I. La España pre-moderna (600-1500)
La antigua Al-Ándalus
Los datos demográficos para las ciudades de Al-Andalus (los estados musulmanes del sur peninsular, que existieron bajo distintas formas entre los años 711 y 1492) se remontan hasta hace prácticamente un milenio, lo que permite trazar una perspectiva significativa a largo plazo de su evolución. Los cambios en la población parecen ir directamente ligados a los episodios políticos y cambios en la configuración territorial de los distintos reinos y califatos árabes. En su periodo de máximo esplendor, el Califato de Córdoba tuvo una capital de prácticamente 450,000 habitantes, una cifra que París no alcanzó hasta el año 1750. Tras el colapso del Califato, la ciudad perdió rápidamente su peso demográfico y no remontó hasta bien entrado el S XX. Granada experimentó un proceso similar. Durante las décadas previas a la rendición de Boabdil, la ciudad llegó a acumular unos 200,000 habitantes, lo que la convirtió en la mayor urbe de toda la Península Ibérica en el momento. Bajo la ocupación de los Reyes Católicos, la población cayó a la mitad y entró en una dinámica decreciente durante décadas.

Por el contrario, Sevilla destaca como un caso de estudio propio. Fundada inicialmente como colonia romana, fue ganando importancia dentro del periodo de gobierno musulmán, alcanzando los 150,000 habitantes justo antes de su caída en manos de los ejércitos cristianos en 1248. No obstante, la ciudad se convirtió en un centro comercial y logístico de primer orden con el descubrimiento de América, lo que le permitió mantener un fuerte desarrollo demográfico y la consolidó como mayor ciudad española a lo largo de los S XVI y S XVII.

Este gráfico ofrece una comparativa del tamaño real de Sevilla durante las épocas Medieval y Moderna en un doble sentido: mostrando la antigüedad de los datos disponibles (prácticamente desde el año 600) y comparándolos con los de otras grandes ciudades de Europa. De las 8 capitales seleccionadas, sólo Roma tiene datos de mayor antigüedad que los de la ciudad andaluza. Hasta el año 1250, Sevilla era mayor que cualquiera de las urbes escogidas, cuando fue igualada por París. Londres y Moscú necesitaron todavía 250 años para igualar su población, que todavía aventajaba a la de Ámsterdam o Viena. Durante el S XVI y la expansión comercial atlántica, Sevilla volvió a alcanzar a Londres, Roma y Praga, pero quedó definitivamente atrás a partir del año 1700, cuando el estancamiento le impidió seguir el ritmo explosivo de las capitales europeas.
La Corona de Aragón
Una segunda entidad territorial clave de la «España» pre-moderna era la Corona de Aragón, que ocupaba el Norte y Este de la Península (además de ciertos enclaves del Sur de Europa como Nápoles o Cerdeña). Los datos para sus principales ciudades se remontan al año 1000 d.C. aproximadamente y, al contrario de lo visto en Al-Andalus, no adquirieron una gran notoriedad hasta su reconquista católica. Valencia, que durante siglos fue la mayor ciudad costera del país, comenzó a desarrollarse después de su ocupación por las fuerzas del rey Jaume I y ejerció de puerto comercial clave en el Mediterráneo, hasta que las nuevas rutas atlánticas desplazaron el epicentro del comercio a las costas andaluzas. La explosión demográfica contemporánea llegó a la ciudad con la Revolución Industrial, cuando superó a un buen número de ciudades españolas, incluyendo a Barcelona.

Palma (Mallorca) y Murcia siguieron patrones similares. Tras ser incorporadas a la Corona de Aragón, mantuvieron una población estable alrededor de los 30,000 habitantes hasta 1850, cuando fueron designadas capitales de provincia y fueron industrializadas (y, en el caso murciano, conectada a la red ferroviaria nacional). Por el contrario, Zaragoza (hoy la capital de la comunidad de Aragón) se benefició de su posición privilegiada entre Madrid y Barcelona, nutriéndose de los flujos comerciales entre ambas ciudades. Actualmente, la capital maña es la quinta mayor ciudad del país, con más de 600,000 habitantes.
La Corona de Castilla
El tercer elemento clave en el mapa de la España medieval era la Corona de Castilla, que ocupaba la costa norte, el centro y el suroeste peninsulares. Las ciudades castellanas, que atravesaron su belle epocque significativamente antes que sus homólogas del litoral o el sur, vieron su progresión demográfica truncada por la irrupción de un agente artifical a finales del S XVI: la ciudad de Madrid. En las últimas décadas de la Corona castellana y los primeros años de la España unificada, tanto Toledo como Valladolid ejercieron funciones de capital nacional. La célebre boda entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón tuvo lugar en tierras pucelanas en 1469, y los monarcas se establecieron su Corte en la capital manchega para el gobierno del Reino. Alrededor de 1550, ambas ciudades superaban los 50,000 habitantes (60,000 y 75,000, respectivamente), lo que las convertía en los dos mayores núcleos urbanos del país por detrás de las grandes ciudades del sur. No obstante, la decisión del rey Felipe II de establecer la capital en Madrid alteró sus proyecciones demográficas, hasta el punto que ambas perdieron 50,000 habitantes en apenas 50 años, y tuvieron que transcurrir más de 300 años para que recuperasen sus cifras de población medievales.

Salamanca, por su parte, vio nacer la tercera de las universidades europeas, fundada en 1218 y célebre por haber desarrollado una notable escuela de pensamiento «La Escuela de Salamanca» en el S XVI, atrayendo estudiantes de toda la geografía española. Tras alcanzar un pico de 25,000 habitantes en 1600, la ciudad fue castigada por la expansión de Madrid y, todavía hoy, se erige como una urbe menor. En los siglos previos a la unificación de los territorios castellanos bajo la Corona de Castilla, la ciudad de Burgos sirvió como capital del Reino de Castilla, acogiendo importantes eventos políticos y reuniones de la corte regional. Aún cuando su relevancia política se vio deteriorada con la recuperación de Toledo a manos de los ejércitos cristianos, la ciudad alcanzó los 35,000 habitantes a comienzos del S XV, cuando la expansión de Madrid puso freno a su demografía creciente.
Madrid y Barcelona
Madrid y Barcelona son las dos mayores ciudades de España, con alrededor de 3.2M y 1.6M de habitantes, respectivamente. Madrid era un enclave prácticamente desconocido de unos 1,000 habitantes, hasta que Felipe II decidió establecer la capital de su Imperio en ella a finales del S XVI. Durante los años dorados de la dominación española de los territorios de ultramar, la ciudad creció rápidamente hasta alcanzar los 150,000 habitantes en apenas 50 años, quedando únicamente superada por Sevilla. La visión centralista del Estado importada por los Borbones (que accedieron al trono tras la Guerra de Sucesión de 1713) contribuyó a la expansión de la ciudad, especialmente durante el reinado de Carlos III, apodado «El mejor alcalde de Madrid«. Frente a este crecimiento explosivo y tardío, el patrón de desarrollo de Barcelona se mantuvo estable a lo largo del tiempo, comenzando desde prácticamente el año 1000. Dado que la ciudad distaba mucho de ser la capital comercial que es actualmente (dicho rol era ocupado por Valencia), no sufrió apenas impacto con el cambio de las rutas comerciales fruto del descubrimiento de América. El cambio radical en la demografía barcelonesa vino con la Revolución Industrial, que comenzó en las regiones de Cataluña y Euskadi y potenció el desarrollo de una burguesía capaz de financiar la expansión de la ciudad a mediados del S XIX.

A comienzos del S XX, ambas ciudades lideraban ya la carrera demográfica española, ambas con una población cercana al medio millón de habitantes. En las décadas previas a la Guerra Civil, Barcelona superó ligeramente a Madrid dado su mayor dinamismo industrial. No obstante, tras el conflicto y el establecimiento del régimen franquista, Madrid pronto dejó atrás a la capital catalana al duplicar su tamaño e iniciar procesos de anexión de sus municipios colindantes.

Uno de los aspectos más destacables de las dinámicas demográficas a largo plazo de las ciudades españolas es que las metrópolis actuales no coinciden con las grandes ciudades históricas. Una manera sencilla de comprobar esta tesis es reproducir la comparativa demográfica de Sevilla con otras 8 grandes capitales europeas desde el año 1000, pero sustituyendo la capital andaluza por Barcelona (el ejercicio no puede realizarse con Madrid dado que la ciudad sencillamente no existía entonces). Entre los años 1000 y 1700, la ciudad catalana fue menor en todo momento que Londres, París, Praga y Roma (con una pequeña excepción en el S XIV). Fue superada por Moscú en el año 1300 y por Ámsterdam y Viena a comienzos del S XVII. El pico de población de Barcelona en dichos 700 años fue de 60,000 habitantes, la mitad de la población que Córdoba tenía en el año 800. Así pues, es indudable que Barcelona no ha sido siempre un gran núcleo urbano europeo, así como que el proceso industrializador fue especialmente relevante para la configuración moderna de la ciudad.
Las colonias españolas
Entre los años 1492 y 1850, aproximadamente, España ocupó la mayoría del territorio de América Latina, así como algunos archipiélagos del Caribe y el Sudeste Asiático. Algunas de dichas tierras estaban ya ocupadas anteriormente por imperios locales (como México o Perú), pero la mayoría de ellas estaban sin explorar todavía. A través de la división territorial en Virreinatos, los españoles consiguieron el control efectivo de una vasta extensión territorial desde enclaves urbanos estratégicos, la mayoría de los cuales se convirtieron en capitales nacionales tras los procesos de independencia en el S XIX. El siguiente gráfico muestra cómo evolucionó la demografía imperial en sus principales ciudades con la excepción de Ciudad de México y Manila.

Una de las mayores ciudades del Imperio español era La Habana, fundada por los primeros conquistadores en 1514 como base comercial. Su ubicación privilegiada la convirtió en víctima regular de la piratería, pero también le permitió atraer un número muy importante de habitantes de la España continental. Hacia el año 1800, cuando los movimientos independentistas comenzaron a tomar cuerpo, la ciudad contaba con unos 100,000 habitantes y unos estándares de vida especialmente elevados, en buena medida debido al sistema de explotación y exportación de azúcar basado en el trabajo esclavo. Su expansión demográfica continuó hasta que la isla de Cuba fue definitivamente entregada a los EEUU fruto de la derrota española en la Guerra Hispano-Americana de 1898. Por el contrario, Potosí (una ciudad menor en la Bolivia actual) experimentó un patrón completamente opuesto. Sus abundantes minas de plata concentraron buena parte de la actividad económica del continente durante los dos primeros siglos de ocupación colonial. No obstante, cuando las tareas de extracción terminaron (alrededor del S XVIII), la ciudad sufrió una doble caída de población y relevancia política. Por lo que al resto de ciudades respecta, se aprecian dos tendencias divergentes. Aquellas que ya existían antes de la llegada de los españoles sufrieron inicialmente un decrecimiento poblacional fruto del conflicto militar, para después recuperar su tamaño inicial bajo la ocupación extranjera (como Cuzco, en Perú). Por otro lado, aquellas que fueron fundadas por los conquistadores españoles tendieron a tener un tamaño menor, pero experimentaron un crecimiento progresivo hasta el momento de su independencia, llegando a alcanzar cifras próximas a los 60,000 habitantes (como Caracas, Venezuela).

Sin lugar a duda, las tres joyas de la Corona española en ultramar eran las ciudades de La Habana, México DF y Manila, en Filipinas. Las tres superaron los 100,000 habitantes durante la ocupación española y, especialmente en el caso de la capital cubana, alcanzaron niveles de vida europeos en dicho periodo. La mayor de ellas fue Ciudad de México, fundada sobre la antigua Tenochtitlán, que contaba ya con cerca de 80,000 habitantes cuando la llegada de los conquistadores españoles. Aunque el desgaste militar redujo su tamaño, la urbe alcanzó los 100,000 habitantes en 1750 y se hallaba prácticamente en los 200,000 en el momento de su independencia. Manila, por su parte, comenzó a ganar tamaño a comienzos del S XVIII, tras unos primeros 150 años de relativo estancamiento. Aunque se mantuvo siempre por debajo de Ciudad de México y llegó a ser superada por La Habana a comienzos del S XIX, llegó a 1898 con el título de la mayor ciudad española fuera del territorio peninsular gracias a sus 175,000 habitantes.
II. La España moderna (1500-1850)
As stated before, when dealing with historical population statistics it is relevant to avoid references to modern political entities (such as «Spain») as they can result in misleading interpretations. From the year 1500 on, though, modern Spain maps might be useful for understanding population dynamics, as the very idea of the unified country was already born. This section compares the early country demographics and its changes between the years 1500 and 1800. In these maps, cities are depicted proportionally to their population size, with the three largest ones having their names written besides them. By the year 1500, briefly after the end of the Reconquista process and the discovery of America, Granada (200,000) was the largest city in Spain by far, followed by Sevilla and Valencia, both of them with a bit more of 60,000 people. Interestingly, the majority of cities which we have data about belong to the Southern part of Spain. Moreover, it is noticeable the almost negligible size of Madrid, especially when compared to other major central cities such as Toledo or Valladolid.

This second map represents the situation a century after the fall of the Emirate of Granada, at the cent of the Habsburg Spanish Empire in the year 1600. Three key changes have taken place during those 100 years. Firstly, the city of Madrid is now among the three largest ones, having absorbed part of its surrounding cities’ population (Valladolid, Burgos or even Toledo). Secondly, Sevilla has overtaken Granada as the largest national city, mainly due to its key role in coordinating overseas trade and importation of Latin American commodities. Thirdly, first signs of a population centralization dynamics appear: Andalusian cities have lost size with no exception, as well as those of the old Crown of Aragón.

By the year 1700, some relevant changes have taken place. Madrid has definitely achieved the role of largest and leading Spanish city, barely 150 years after King Felipe II established the capital in it. Sevilla, still operating as a key trade port, ranks now second in the list and has lost the 100,000 inhabitants barrier. In the East coastline, Barcelona has slightly beaten Valencia up and closes the Top-3 with 43,000 people living in it. The demographic centralization process observed in the year 1600 map is confirmed when looking at how large cities of Castilla y León or Toledo in La Mancha have more than halved their size. Interestingly, the map shows the emergence of two new major cities on the Southern coast: Málaga and Cádiz, both having around 30,000 inhabitants. It is called The last of the Habsburgs as after the 1714 Spanish Succession War, the Borbon dynasty will take the throne.


Bibliografía y fuentes
Datos demográficos por ciudades (hasta 1850)
| Nombre completo | Historical Urban Population, v.1: Urban Spatial Data |
| Periodo | 3700 a.C. – 2000 d.C. |
| Fuente | SocioEconomic Data and Applications Center (SEDAC, NASA) |
| Acceso | shorturl.at/jnWZ3 |
Los datos procedentes de la base de datos de SEDAC han sido tomados hasta 1850, fecha a partir de la cual el Instituto Nacional de Estadística ofrece datos desglosados a nivel municipal que se han considerado más precisos.
Datos demográficos por ciudades (a partir de 1850)
| Nombre completo | Población según sexo y edad desde 1900 hasta 2001 |
| Periodo | 1847 – 2000 |
| Fuente | Instituto Nacional de Estadística (INE) |
| Acceso | shorturl.at/oEHOS |
Para el periodo 1850 – 1900, se han tomado los datos de Alteraciones de los municipios en los Censos de Población desde 1842, que registran los proto-censos conducidos hasta la llegada del S XX.
