Historia demográfica de España I

  1. Introducing the Spanish population
  2. The Spanish population in the remote past
  3. The Spanish Population from 1850 on
  4. THE SPANISH POPULATION TODAY

Introducing the Spanish population

España, ¿un país muy poblado?

Según el censo de 2018, España tiene un total de 46.72M de habitantes, lo que la sitúa como el quinto país más poblado de Europa tras Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia. En su capital, Madrid, viven alrededor de 3.22M de personas, ocupando el tercer puesto en la lista de mayores capitales europeas, liderada por Londres (8.7M) y Berlín (3.5M). En términos de área metropolitana, los 6.4M de habitantes de Madrid son sólo superados por las capitales de Francia y Reino Unido, aventajando considerablemente a Berlín (5.2M) y Roma (4.3M). La segunda ciudad más poblada de España es Barcelona, que cuenta con unos 1.6M de habitantes y ejerce de capital de la próspera región de Cataluña, en el noreste del país. En términos comparativos, Barcelona es una de las mayores «segundas ciudades» del continente, prácticamente empatada con Hamburgo (1.7M) en Alemania o Milán (1.4M) en Italia y lejos de los números de Birmingham (1.1M) en Inglaterra o Marsella (790K) en Francia. El Top-5 nacional lo completan Valencia (791K), Sevilla (688K) y Zaragoza (666K), ciudades capital de las comunidades de Valencia, Andalucía y Aragón, respectivamente. Málaga, centro neurálgico del turismo del sur del país, supera también la barrera del medio millón de habitantes (571K) y convierte a España en uno de los dos únicos estados europeos (junto con Alemania) con más de cinco ciudades que superen dicha población.

En términos globales, España aparece como el trigésimo país más poblado del mundo, entre Colombia y Uganda. La población española es similar a la de estados como Corea del Sur, Kenia o Ucrania, y ha mantenido una posición global más o menos estable en las últimas décadas (24ª en 1980, 29ª en 2000 y 30ª en 2018). Dado que el ritmo de crecimiento de la población española es prácticamente nulo, es probable que su posición relativa en la lista decrezca en los próximos años, viéndose superada por estados del Norte de África y Oriente Medio con dinámicas demográficas expansivas tales como Algeria (42M), Sudán (42M) o incluso Irak (38M). Cuando se evalúan a escala mundial, las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona -que ocupaban una posición relevante en el panorama europeo- se desvanecen ante sus competidoras asiáticas, americanas y africanas. No obstante, ambas consiguen entrar en el Top-100 global, entre las posiciones 75 y 100 en función de la metodología empleada para el cálculo. Este patrón es común al resto de grandes capitales continentales, e incluso Londres y París ven mermada su posición, cayendo en el ránking hasta los puestos 29 y 34, respectivamente.

Pese a su posición relativamente alta en la escala internacional y las buenas cifras que muestran las grandes capitales, lo cierto es que España tiene una población inferior a la de sus vecinos de Europa Occidental. Esto significa que las cifras demográficas españolas se encuentran por debajo de lo esperado, comparado con otros países de su tamaño, nivel económico y posición geográfica. El factor clave para explicar esta deficiencia no es otro que la densidad de población, es decir, la forma en que los habitantes se distribuyen geográficamente en el territorio.

España, ¿un país densamente poblado?

La densidad de población de un territorio se mide como el número de personas que viven en un kilómetro cuadrado, y es útil para entender cómo se distribuyen geográficamente los habitantes de un país. Según los datos de 2018, la densidad poblacional de España era de 93 habitantes/km2, una cifra significativamente más baja que los 200 habitantes por kilómetro cuadrado de Italia, los 232 de Alemania, los 123 de Francia o incluso los 111 de Portugal. En términos globales, España es el 91º país más densamente poblado, con cifras similares a las de Siria, Rumanía o Camboya, todos ellos estados más pequeños y menos poblados. Estos datos apuntan hacia la raíz de la cuestión demográfica en España: la población se halla concentrada en grandes ciudades, mientras que la vasta mayoría del territorio está prácticamente vacía.

El problema puede visualizarse de forma sencilla a través de algunas comparaciones. Las provincias de Madrid y Barcelona agrupan a una quinta parte de la población del país. La suma de las regiones de Valencia, Cataluña y Andalucía engloba prácticamente a la mitad de los españoles. Ninguna de las comunidades del corazón del país (Castilla-La Mancha, Castilla y León o Extremadura) supera la población de la ciudad de Madrid, y la suma de las cuatro regiones del Norte (Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco) iguala el peso demográfico de la provincia de Barcelona. La Agencia Estadística Europea (EUROSTAT) define el concepto de desierto demográfico como todo aquel territorio cuya densidad de población sea inferior a los 10 habitantes por kilómetro cuadrado. Dos de las 51 provincias españolas (Toledo y Soria) califican como desiertos demográficos, y tres de las restantes no superan en más del doble dicho umbral (Cuenca, Zamora y Huesca). Aunque el análisis a nivel de provincias y comunidades puede resultar explicativo, es preciso desglosar los datos a nivel de municipio para confirmar o rebatir la hipótesis de la desigualdad en la distribución geográfica de la población. Una forma visual de hacerlo es calculando el índice de Gini de los habitantes por municipios.

De los 8,300 municipios españoles, más de 5,000 tienen menos de 1,000 habitantes. Alrededor del 84% de los pueblos y ciudades de España tienen 5,000 o menos personas viviendo en ellos, y una élite del 0.5% de los municipios (Madrid, Barcelona, y todas las ciudades de más de 100,000 habitantes) representa el 40% de la población nacional. A partir de estos datos, es posible calcular el índice Gini de la distribución geográfica de los habitantes de España. El índice de Gini es una medida estadística de la concentración de una determinada variable, que toma valores entre 0 y 1, donde 0 representa una situación en que la concentración es total (un único sujeto posee toda la cantidad) y, 1, un escenario en que la distribución es «perfecta» (todos los sujetos poseen exactamente la misma cantidad). Aplicando este esquema a la población por municipios de España, se obtiene un valor de 0.70, lo que implica un nivel de desequilibrio geográfico extremadamente elevado. El gráfico adjunto muestra estos datos en forma de Curva de Lorenz, donde se compara el aspecto de una distribución ideal de la población en que cada municipio tiene exactamente los mismos habitantes (curva naranja) con la distribución realmente existente (curva azul) y se mide la divergencia entre ambas. Las enormes diferencias vuelven a aparecer, y se confirman al observar los datos en un mapa a escala municipal.

España está densamente poblada a lo largo de sus líneas de costa, pero muy pobremente habitada en su corazón rural. Con cerca de 21,500 habitantes por kilómetro cuadrado, Hospitalet de Llobregat (en el área metropolitana de Barcelona) se erige como la ciudad con mayor densidad de población de la Unión Europea. En la propia capital catalana viven 15,866 personas por unidad de superficie, triplicando las cifras de Madrid (5,418) o Sevilla (4,896). El litoral catalán es la región más densamente poblada del país, pero otras cuatro áreas destacan con fuerza en el mapa: la costa de Valencia y Alicante, la zona de la Costa del Sol (incluyendo Málaga y Almería), el área metropolitana de Madrid y el Norte del País Vasco. Las capitales de provincias fuertemente habitadas como Sevilla, Zaragoza, Granada o Coruña tienen también densidades elevadas, en contraste con los muy bajos valores de los municipios que las rodean.

The Spanish population in the remote past

Esta sección ofrece datos acerca de la evolución en el muy largo plazo de la población española para un intervalo de tiempo que comprende aproximadamente desde el año 600 d.C. hasta la actualidad. Utiliza datos procedentes de distintas fuentes correspondientes a varios periodos, que pueden simplificarse en dos: la etapa pre-censal (entre los años 600 y 1850) y la etapa de censo moderno (desde 1850 hasta hoy). Para el primer periodo, es necesario emplear estadísticas de población de ciudades individuales que utilizaban sus propios controles de ciudadanía, en tanto el concepto de «España» como estado o agregado nacional carece de valor histórico. Así, no resulta demasiado útil hablar de la demografía de España en el S XIII, pero sí pueden realizarse análisis enriquecedores de las cifras y cambios en la población de ciudades como Valencia, Córdoba o Barcelona en las épocas Medieval y Moderna.

This section offers some evidence on the long-run evolution of the Spanish population from approximately year 600BC to nowadays. It uses data from different fonts corresponding to various periods, which can be essentially divided in two: the pre-censual epoque (600 BC – 1850) and the modern censual epoque (1850 – 2000). For pre-censual times, we need to rely on population statistics for individual cities which conducted their citizenship controls rather than national aggregates, as the term “country” itself did not mean much at that time. Thus, it makes little sense to write about Spanish demographics in the 13th Century, but some conclusions can be drawn from Valencia, Córdoba or Barcelona’s population in the Middle and Modern Ages. After the introduction of the modern census in the mid-19th Century, the very concept of national statistics acquires a significant content and our scope can switch towards a Spanish aggregate perspective. For this second period, information on many relevant variables apart from strict population numbers appear and can be combined to derive key insights on the long-run evolution of the Spanish society, which are covered in a different section.

Población por regiones y ciudades

La antigua Al-Ándalus

Los datos demográficos para las ciudades de Al-Andalus (los estados musulmanes del sur peninsular, que existieron bajo distintas formas entre los años 711 y 1492) se remontan hasta hace prácticamente un milenio, lo que permite trazar una perspectiva significativa a largo plazo de su evolución. Los cambios en la población parecen ir directamente ligados a los episodios políticos y cambios en la configuración territorial de los distintos reinos y califatos árabes. En su periodo de máximo esplendor, el Califato de Córdoba tuvo una capital de prácticamente 450,000 habitantes, una cifra que París no alcanzó hasta el año 1750. Tras el colapso del Califato, la ciudad perdió rápidamente su peso demográfico y no remontó hasta bien entrado el S XX. Granada experimentó un proceso similar. Durante las décadas previas a la rendición de Boabdil, la ciudad llegó a acumular unos 200,000 habitantes, lo que la convirtió en la mayor urbe de toda la Península Ibérica en el momento. Bajo la ocupación de los Reyes Católicos, la población cayó a la mitad y entró en una dinámica decreciente durante décadas. Por el contrario, Sevilla destaca como un caso de estudio propio. Fundada inicialmente como colonia romana, fue ganando importancia dentro del periodo de gobierno musulmán, alcanzando los 150,000 habitantes justo antes de su caída en manos de los ejércitos cristianos en 1248. No obstante, la ciudad se convirtió en un centro comercial y logístico de primer orden con el descubrimiento de América, lo que le permitió mantener un fuerte desarrollo demográfico y la consolidó como mayor ciudad española a lo largo de los S XVI y S XVII.

Este gráfico ofrece una comparativa del tamaño real de Sevilla durante las épocas Medieval y Moderna en un doble sentido: mostrando la antigüedad de los datos disponibles (prácticamente desde el año 600) y comparándolos con los de otras grandes ciudades de Europa. De las 8 capitales seleccionadas, sólo Roma tiene datos de mayor antigüedad que los de la ciudad andaluza. Hasta el año 1250, Sevilla era mayor que cualquiera de las urbes escogidas, cuando fue igualada por París. Londres y Moscú necesitaron todavía 250 años para igualar su población, que todavía aventajaba a la de Ámsterdam o Viena. Durante el S XVI y la expansión comercial atlántica, Sevilla volvió a alcanzar a Londres, Roma y Praga, pero quedó definitivamente atrás a partir del año 1700, cuando el estancamiento le impidió seguir el ritmo explosivo de las capitales europeas.

La Corona de Aragón

Una segunda entidad territorial clave de la «España» pre-moderna era la Corona de Aragón, que ocupaba el Norte y Este de la Península (además de ciertos enclaves del Sur de Europa como Nápoles o Cerdeña). Los datos para sus principales ciudades se remontan al año 1000 d.C. aproximadamente y, al contrario de lo visto en Al-Andalus, no adquirieron una gran notoriedad hasta su reconquista católica. Valencia, que durante siglos fue la mayor ciudad costera del país, comenzó a desarrollarse después de su ocupación por las fuerzas del rey Jaume I y ejerció de puerto comercial clave en el Mediterráneo, hasta que las nuevas rutas atlánticas desplazaron el epicentro del comercio a las costas andaluzas. La explosión demográfica contemporánea llegó a la ciudad con la Revolución Industrial, cuando superó a un buen número de ciudades españolas, incluyendo a Barcelona.

Palma (Mallorca) y Murcia siguieron patrones similares. Tras ser incorporadas a la Corona de Aragón, mantuvieron una población estable alrededor de los 30,000 habitantes hasta 1850, cuando fueron designadas capitales de provincia y fueron industrializadas (y, en el caso murciano, conectada a la red ferroviaria nacional). Por el contrario, Zaragoza (hoy la capital de la comunidad de Aragón) se benefició de su posición privilegiada entre Madrid y Barcelona, nutriéndose de los flujos comerciales entre ambas ciudades. Actualmente, la capital maña es la quinta mayor ciudad del país, con más de 600,000 habitantes.

La Corona de Castilla

El tercer elemento clave en el mapa de la España medieval era la Corona de Castilla, que ocupaba la costa norte, el centro y el suroeste peninsulares. Las ciudades castellanas, que atravesaron su belle epocque significativamente antes que sus homólogas del litoral o el sur, vieron su progresión demográfica truncada por la irrupción de un agente artifical a finales del S XVI: la ciudad de Madrid. En las últimas décadas de la Corona castellana y los primeros años de la España unificada, tanto Toledo como Valladolid ejercieron funciones de capital nacional. La célebre boda entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón tuvo lugar en tierras pucelanas en 1469, y los monarcas se establecieron su Corte en la capital manchega para el gobierno del Reino. Alrededor de 1550, ambas ciudades superaban los 50,000 habitantes (60,000 y 75,000, respectivamente), lo que las convertía en los dos mayores núcleos urbanos del país por detrás de las grandes ciudades del sur. No obstante, la decisión del rey Felipe II de establecer la capital en Madrid alteró sus proyecciones demográficas, hasta el punto que ambas perdieron 50,000 habitantes en apenas 50 años, y tuvieron que transcurrir más de 300 años para que recuperasen sus cifras de población medievales.

Salamanca, por su parte, vio nacer la tercera de las universidades europeas, fundada en 1218 y célebre por haber desarrollado una notable escuela de pensamiento «La Escuela de Salamanca» en el S XVI, atrayendo estudiantes de toda la geografía española. Tras alcanzar un pico de 25,000 habitantes en 1600, la ciudad fue castigada por la expansión de Madrid y, todavía hoy, se erige como una urbe menor. En los siglos previos a la unificación de los territorios castellanos bajo la Corona de Castilla, la ciudad de Burgos sirvió como capital del Reino de Castilla, acogiendo importantes eventos políticos y reuniones de la corte regional. Aún cuando su relevancia política se vio deteriorada con la recuperación de Toledo a manos de los ejércitos cristianos, la ciudad alcanzó los 35,000 habitantes a comienzos del S XV, cuando la expansión de Madrid puso freno a su demografía creciente.

Madrid y Barcelona

Madrid y Barcelona son las dos mayores ciudades de España, con alrededor de 3.2M y 1.6M de habitantes, respectivamente. Madrid era un enclave prácticamente desconocido de unos 1,000 habitantes, hasta que Felipe II decidió establecer la capital de su Imperio en ella a finales del S XVI. Durante los años dorados de la dominación española de los territorios de ultramar, la ciudad creció rápidamente hasta alcanzar los 150,000 habitantes en apenas 50 años, quedando únicamente superada por Sevilla. La visión centralista del Estado importada por los Borbones (que accedieron al trono tras la Guerra de Sucesión de 1713) contribuyó a la expansión de la ciudad, especialmente durante el reinado de Carlos III, apodado «El mejor alcalde de Madrid«. Frente a este crecimiento explosivo y tardío, el patrón de desarrollo de Barcelona se mantuvo estable a lo largo del tiempo, comenzando desde prácticamente el año 1000. Dado que la ciudad distaba mucho de ser la capital comercial que es actualmente (dicho rol era ocupado por Valencia), no sufrió apenas impacto con el cambio de las rutas comerciales fruto del descubrimiento de América. El cambio radical en la demografía barcelonesa vino con la Revolución Industrial, que comenzó en las regiones de Cataluña y Euskadi y potenció el desarrollo de una burguesía capaz de financiar la expansión de la ciudad a mediados del S XIX.

A comienzos del S XX, ambas ciudades lideraban ya la carrera demográfica española, ambas con una población cercana al medio millón de habitantes. En las décadas previas a la Guerra Civil, Barcelona superó ligeramente a Madrid dado su mayor dinamismo industrial. No obstante, tras el conflicto y el establecimiento del régimen franquista, Madrid pronto dejó atrás a la capital catalana al duplicar su tamaño e iniciar procesos de anexión de sus municipios colindantes.

Uno de los aspectos más destacables de las dinámicas demográficas a largo plazo de las ciudades españolas es que las metrópolis actuales no coinciden con las grandes ciudades históricas. Una manera sencilla de comprobar esta tesis es reproducir la comparativa demográfica de Sevilla con otras 8 grandes capitales europeas desde el año 1000, pero sustituyendo la capital andaluza por Barcelona (el ejercicio no puede realizarse con Madrid dado que la ciudad sencillamente no existía entonces). Entre los años 1000 y 1700, la ciudad catalana fue menor en todo momento que Londres, París, Praga y Roma (con una pequeña excepción en el S XIV). Fue superada por Moscú en el año 1300 y por Ámsterdam y Viena a comienzos del S XVII. El pico de población de Barcelona en dichos 700 años fue de 60,000 habitantes, la mitad de la población que Córdoba tenía en el año 800. Así pues, es indudable que Barcelona no ha sido siempre un gran núcleo urbano europeo, así como que el proceso industrializador fue especialmente relevante para la configuración moderna de la ciudad.

El Imperio español

Entre los años 1492 y 1850, aproximadamente, España ocupó la mayoría del territorio de América Latina, así como algunos archipiélagos del Caribe y el Sudeste Asiático. Algunas de dichas tierras estaban ya ocupadas anteriormente por imperios locales (como México o Perú), pero la mayoría de ellas estaban sin explorar todavía. A través de la división territorial en Virreinatos, los españoles consiguieron el control efectivo de una vasta extensión territorial desde enclaves urbanos estratégicos, la mayoría de los cuales se convirtieron en capitales nacionales tras los procesos de independencia en el S XIX. El siguiente gráfico muestra cómo evolucionó la demografía imperial en sus principales ciudades con la excepción de Ciudad de México y Manila.

Una de las mayores ciudades del Imperio español era La Habana, fundada por los primeros conquistadores en 1514 como base comercial. Su ubicación privilegiada la convirtió en víctima regular de la piratería, pero también le permitió atraer un número muy importante de habitantes de la España continental. Hacia el año 1800, cuando los movimientos independentistas comenzaron a tomar cuerpo, la ciudad contaba con unos 100,000 habitantes y unos estándares de vida especialmente elevados, en buena medida debido al sistema de explotación y exportación de azúcar basado en el trabajo esclavo. Su expansión demográfica continuó hasta que la isla de Cuba fue definitivamente entregada a los EEUU fruto de la derrota española en la Guerra Hispano-Americana de 1898. Por el contrario, Potosí (una ciudad menor en la Bolivia actual) experimentó un patrón completamente opuesto. Sus abundantes minas de plata concentraron buena parte de la actividad económica del continente durante los dos primeros siglos de ocupación colonial. No obstante, cuando las tareas de extracción terminaron (alrededor del S XVIII), la ciudad sufrió una doble caída de población y relevancia política. Por lo que al resto de ciudades respecta, se aprecian dos tendencias divergentes. Aquellas que ya existían antes de la llegada de los españoles sufrieron inicialmente un decrecimiento poblacional fruto del conflicto militar, para después recuperar su tamaño inicial bajo la ocupación extranjera (como Cuzco, en Perú). Por otro lado, aquellas que fueron fundadas por los conquistadores españoles tendieron a tener un tamaño menor, pero experimentaron un crecimiento progresivo hasta el momento de su independencia, llegando a alcanzar cifras próximas a los 60,000 habitantes (como Caracas, Venezuela).

Sin lugar a duda, las tres joyas de la Corona española en ultramar eran las ciudades de La Habana, México DF y Manila, en Filipinas. Las tres superaron los 100,000 habitantes durante la ocupación española y, especialmente en el caso de la capital cubana, alcanzaron niveles de vida europeos en dicho periodo. La mayor de ellas fue Ciudad de México, fundada sobre la antigua Tenochtitlán, que contaba ya con cerca de 80,000 habitantes cuando la llegada de los conquistadores españoles. Aunque el desgaste militar redujo su tamaño, la urbe alcanzó los 100,000 habitantes en 1750 y se hallaba prácticamente en los 200,000 en el momento de su independencia. Manila, por su parte, comenzó a ganar tamaño a comienzos del S XVIII, tras unos primeros 150 años de relativo estancamiento. Aunque se mantuvo siempre por debajo de Ciudad de México y llegó a ser superada por La Habana a comienzos del S XIX, llegó a 1898 con el título de la mayor ciudad española fuera del territorio peninsular gracias a sus 175,000 habitantes.

Population at a national scale

As stated before, when dealing with historical population statistics it is relevant to avoid references to modern political entities (such as «Spain») as they can result in misleading interpretations. From the year 1500 on, though, modern Spain maps might be useful for understanding population dynamics, as the very idea of the unified country was already born. This section compares the early country demographics and its changes between the years 1500 and 1800. In these maps, cities are depicted proportionally to their population size, with the three largest ones having their names written besides them. By the year 1500, briefly after the end of the Reconquista process and the discovery of America, Granada (200,000) was the largest city in Spain by far, followed by Sevilla and Valencia, both of them with a bit more of 60,000 people. Interestingly, the majority of cities which we have data about belong to the Southern part of Spain. Moreover, it is noticeable the almost negligible size of Madrid, especially when compared to other major central cities such as Toledo or Valladolid.

This second map represents the situation a century after the fall of the Emirate of Granada, at the cent of the Habsburg Spanish Empire in the year 1600. Three key changes have taken place during those 100 years. Firstly, the city of Madrid is now among the three largest ones, having absorbed part of its surrounding cities’ population (Valladolid, Burgos or even Toledo). Secondly, Sevilla has overtaken Granada as the largest national city, mainly due to its key role in coordinating overseas trade and importation of Latin American commodities. Thirdly, first signs of a population centralization dynamics appear: Andalusian cities have lost size with no exception, as well as those of the old Crown of Aragón.

By the year 1700, some relevant changes have taken place. Madrid has definitely achieved the role of largest and leading Spanish city, barely 150 years after King Felipe II established the capital in it. Sevilla, still operating as a key trade port, ranks now second in the list and has lost the 100,000 inhabitants barrier. In the East coastline, Barcelona has slightly beaten Valencia up and closes the Top-3 with 43,000 people living in it. The demographic centralization process observed in the year 1600 map is confirmed when looking at how large cities of Castilla y León or Toledo in La Mancha have more than halved their size. Interestingly, the map shows the emergence of two new major cities on the Southern coast: Málaga and Cádiz, both having around 30,000 inhabitants. It is called The last of the Habsburgs as after the 1714 Spanish Succession War, the Borbon dynasty will take the throne.

The Spanish population from 1850 on

How did the population grow?

The Spanish population average natural growth rate (the difference between births and deaths, excluding immigration) between the years 1850 and 2000 was 7.3% per annum. Following the Western world demographic expansion in the second half of the 19th Century, Spain experienced large growth rates before the First World War (in which it remained neutral), interrupted by the worldwide Flu pandemia of 1918. Growth boosted again in the Interwar period until the beginning of the Spanish Civil War in 1936, when it turned negative as a result of the conflict. The Francoist dictatorship partially delayed the transition to modern demographics other European countries were experiencing and maintained an extremely high natural growth rate until its end in 1975. In the 20 first years after the restablishment of democracy in Spain, the growth rate was reduced by 20 from 10.4% in 1975 to 0.4% in 1995. However, the progressive arrival of North African and Latin American immigration shyly reverted the trend in the early years of the 21st Century, as their fertility rates are much higher than those of local Spaniards.

The large natural growth rates observed are responsible for the rapid demographic expansion Spain experienced from 1850 on. By the mid-19th Century, the country had 15.5M inhabitants, which turned into 18M in the year 1900. Immediately after the First World War, the Spanish population added up to 21M and, the year before its Civil War started, it had reached 24M. When the Franco regime collapsed, the country had 35.6M inhabitants, and it entered the 21st Century with somewhat 40M people. In 2011, the year of the last official countrywide census, the Spanish population was 46.8M.

Regional contribution to growth

Naturally, not all regions contributed the same way to the demographic expansion of the country. Modern Spanish territorial administration has remained almost unchanged since the year 1850, especially at province levels. Thus, a long-run comparison using current regions can be conducted without critical issues. The following figure breaks down the regional weight in the Spanish population growth for the last 150 years.

In 1858, the first year for which we have reliable province data, the three largest regions in Spain (in terms of population) were Andalucía (almost 4M inhabitants), Castilla y León (around 2.5M people) and Galicia (slightly over 2M). Cataluña and Comunidad Valenciana, the two large Eastern regions, were similar in size and close to the third position. The nowadays Madrid region was almost negligible, as it uniquely contained the capital city population. Things remained the same almost half a century until the year 1900, when rapid economic development dynamics started affecting the population distribution. By the year the Civil War started (1936), the industrial weight of Barcelona had boosted both population growth and arrivals from other regions. As a consequence, the Catalan region had already overcome Galicia and Castilla y León as most populated areas. The same happened with the Comunidad Valenciana, even if at a lower scale. Regarding the Madrid region, it had doubled its population of the year 1858 and showing a clearly rising path.

This early trends accentuated during the dictatorship. The strong political role of Madrid made it a huge demographic center, going from 2.1M inhabitants in 1940 to 4.7M in 1981 and creating some imbalances with its neighbours (such as Castilla-La Mancha). Cataluña benefited from its economic leading position and received large amounts of internal immigration during the 1960s, allowing it to grow from 2.9M inhabitants in 1940 to 5.9M in 1981. Despite its population outflows, Andalucía kept its first position untouched, entering the democratic period with more than 7M people. The lack of concrete population distribution policies made little change to the dynamics that have been in place for the last 100 years, and Spain reached the year 2000 with massive regional disequilibria. Interestingly, the País Vasco region managed to multiply by five its population in the period due to its heavy industry economic profile and high living quality standards.

The Spanish demographic transition

Demographic transitions are long-run sequences by which countries go from high to low mortality and birth rates. They are typically divided in four stages: a first one in which both rates are quite high, a second one in which mortality falls but natality does not, a third one in which mortality keeps low and birth rates decay and a fourth one with both low birth and death rates. Nowadays, there is some evidence on a fifth potential stage involving a little natality rise, but cannot be worldwide extrapolated yet. Demographic transitions are the key reason why population growth does not explode in the very long run despite showing some exponential behavior in some periods.

Spanish data on mortality and birth rates goes back only to 1858, hence allowing only to observe the three last stages of the transition: high natality with decreasing mortality, low mortality with decreasing natality and low mortality and slightly increasing natality. The third stage covers most of the analyzed period, between the years 1858 and 1980, approximately. Interestingly, mortality rates in Spain were pretty high at the beginning of the 20th Century, especially when compared to other European countries (29 out of 1,000 people for Spain, vis-à-vis 23.8 in Italy, 22.1 in Germany or 21.9 in France). During the next thirty years, the rate halved with the solely interruption of the 1918 Flu, catching up those of its neighbours, and kept diminishing until 1981, when it reached its contemporaneous values. Although the birth rate also decreased during the period, it remained high and created a postive gap responsible for rapid population growth. After the year 1975, the gap between birth and death rates starts to close, causing the population growth to diminish and eventually disappearing around the year 2000 (fourth stage). After the arrival of the 21st Century, there is a shy recovery of birth rates (mainly caused by immigrant groups) which points out to the fifth stage of the transition. As it can be seen, the total Spanish population goes from around 15M in 1850 to 40M in 2000, but most of that growth takes place between 1850 and 1981 (when the population adds up to 38M) or third stage, hence confirming the demographic transition scheme.

Migration dynamics

Overseas migration

Apart from the natural growth rate, which is responsible for most of the rapid increase of the Spanish population in the last two centuries, migrations do also played their role. Until the very late 19th Century, Spain kept some overseas territories (Cuba, Puerto Rico and the Philippines) and it lost many others in the previous decades. Thus, population inflows and outflows were common and that time, and kept going on even after those colonies acquired independence.

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Reliable statistics on transoceanic migration go back to the year 1900. During the first two decades of recorded movements, emigration was particularly high, with an average of 100,000 departures a year. There is no way to derive the aggregate balance, as data for immigrants is not available, but it is likely to have been rather negative. In the Interwar period (1920 and 1930 decades), population outflows decrease to the level of inflows, stabilizing the balance and even turning it positive in the years before the Spanish Civil War. The conflict and the immediate postwar period (which was particularly tough in Spain due to the lack of a Marshall Plan) reduced transoceanic movements to zero until the late 40s, when emigration boomed again. Between 1950 and 1960, Spain suffered from a chronicle annual loss of somewhat 50,000 inhabitants, which ended up compensating around the year 1965, coinciding with the opening of the Francoist dictatorship. After its fall in 1975, transoceanic numbers went back to zero and acquired a diverging path in the mid-80s; emigrants remained marginal (especially when compared to 1900 numbers) but immigrants started to grow and reverted the historically negative migration balance mainly due to arrivals from Latin American and North African countries.

European migration

Internal migration

The Spanish 20th Century is famous for its massive intra-country population movements, both because the very size of those displacements and their unidirectional path (some regions being clearly migrant-issuers and others being migrant-receivers). The following figure plots internal population inflows and outflows for the 1900-2000 period in the 8 regions with largest migration numbers. Even if those selected regions do not account for the total internal movements, they reflect the largest trends and ease the interpretation of historical data. However, the complete numbers are also available.

In the early years of the 20th Century, internal migration did not represent a large source of movements yet. Although people were already leaving certain regions (Extremadura or Andalucía), most of them were still heading to America. That pattern started changing in 1910 and became marginal in the interwar period. Madrid and Cataluña regions were the most favored territories receiving up to 800K people in those two decades. The 1930s decade interrupted the growth path internal population movements had been following since the beginning of the century, and the Civil War sequels extended until the 1940s. Migration boomed after the worst years of the postwar period. In the decade of 1950, almost 1.5M people changed region, being Andalucía (600K) and Castilla y León (350K) the two most affected areas. The rapid industrial growth of Barcelona and the administrative development of Madrid attracted people from those regions, which did not experience such a rapid recovery from the Civil War casualties, hence speeding up their growth paths. Numbers kept unchanged during the 60s, where other 1.2M Spaniards left their hometowns, most of them (around 800K) arriving to Cataluña and setteling in the Barcelona metro area. Madrid, which had been the first migration receiver since the 1930s, reduced the size of its population inflows as other industrial (País Vasco) and tourism (Comunidad Valenciana) regions gained relevance in the last years of the Francoist regime. By the time democracy was restablished (1975), internal migrations had dropped drastically; around 500K people changed home in the last five years of the dictatorship, but less than 100K did in the first five years of democracy, and numbers never got back to those of the 1960s.

An alternative way of visualizing internal migration patterns is to look at population changes at a municipality scale. By using data on census from the year 1900 on, it is possible to plot demographic growth rates of the Spanish towns and cities in a map for given periods of time. This section initially compares changes between the years 1900 and 2001, and then focuses on shorter time intervals for better conclusions.

This map plots the demographic evolution at a municipality scale in the last century, comparing the relative size of the population in the year 2001 with respect to 1900. Increases are depicted in a green palette, and losses in a red-orange one. White regions correspond to municipalities for which there is no information available. The map is orange-predominant, although it has several strong green concentrated zones. Four areas seem to have achieved exponential population growth in the century: the Barcelona coastline (including the city itself and its metro area), the Valencia-Alicante region (especially along the coast, but also in some interior locations), the Comunidad de Madrid (involving the city of Madrid and its relatively recent periphery) and, maybe unexpectedly, the Western coast of Andalucía (Cádiz, Sevilla and Huelva regions). Other key growth nodes (in percent terms) are the Cáceres-Badajoz metro areas, the province of Zaragoza and the País Vasco sealine. Far from those, but also accounting for a sustained growth in the period, we find the urban populations from the capital cities in the Cantabric and Atlantic coasts (Santiago, Coruña, Santander or Gijón-Oviedo). On the contrary, population losses are not easy to isolate in specific regions. The North-East part of Castilla y León, the South of Aragón, the East of Castilla-La Mancha and the interior region of Comunidad Valenciana stand as the most damaged zones in demographic terms. They are followed by East Andalucía (Almería, Granada and Jaén provinces) and North-West Castilla y León, especially along the Portuguese frontier. Other areas, such as the rural core of Atlantic communities (Galicia or Asturias) or Extremadura have also experienced considerable population degrowth, even if of a smaller magnitude. On a whole, the figure presents the concept of the «Emptied Spain», meaning a vast extension of the national territory has been continuously losing population for the last 100 years, benefiting only large capital cities.

The first map corresponds to the years of Spain’s rapid economic development, partially closing the gap with its European neighbors. Industrial areas such as Cataluña or País Vasco are strongly green-shaded, representing a large population increase. Madrid, along with some South Castilla provinces does also reflect a significant demographic expansion, much like Zaragoza and Sevilla regions. The rural core of the country (mainly, but not only Castilla y León) experiences its first losses, even if moderate, and people living in Northern communities (Galicia, Cantabria, Asturias) seem to start moving from interior villages to the coast. The second map is just the other way around. It plots demographic developments taking place during the Civil War and the early years of the Francoist regime. The strong green barely disappears and the country becomes orange-shaded. Except for the large capital cities, the general trend points out to moderate population decrease in rural areas and tighter degrowth in the East, where the armed conflict and posterior executions ended up being more cruent. Essentially, the figure shows the combined effect of the military campaigns and the early displacements politics of the Francoist regime.

The third map covers the Desarrollismo period, in which the Francoist regime opened to the world and the Spanish economy recovered some Western standards, as well as the first years of democracy. These are the decades of huge internal migrations, when people living either in the countryside or minor cities moved to industrial areas or the capital city of Madrid seeking better conditions. The colors rapidly summarize the process: East Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha and Castilla León lost many hundred thousand inhabitants in favor of the Barcelona metro area, the Valencia region and Madrid’s periphery. With the solely exception of the Spanish capital, movements strongly followed the from interior to coast trend, as even regions receiving immigrants lost population in their rural areas. The last map plots the modern democracy period until the arrival of the 21st Century. Interestingly, no policies were ever conducted to revert the disequilibria caused by the Francoist regime. Despite their lower intensity, colors ressemble those on the previous figure, meaning large demographic concentration around great metro areas and progressive de-population in rural areas, leading to the scenario of massive imbalances we are living today.

Evidence on these trends can be found through population density maps. A one-to-one comparison between Spanish municipalities’ inhabitants density in the years 1900 and 2001 shows how political and economical developments shaped modern national demographics, using a yellow-green color palette where the greener the color, the higher the density. The light green color of the 1900 Spain map is replaced by a bright yellow of the contemporaneous one, meaning the Spanish population was far more homogeneously distributed back in the early 20th Century than in recent years. Although some large metro areas were already visible in 1900, only extremely interior regions (the North of Aragón, the East of Castilla y León and Western Castilla-La Mancha) presented really poor density numbers. On the contrary, the 2001 map reflects the consequences of centrifugue migrations: the vast rural core of the country is at its all-time minimum population density values and large cities (especially those in the coast) are concentrating much larger amounts of people than they did one century ago.

The Spanish population today

Bibliography and data sources

Data on historical cities population

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